innecesáreas

9 de Enero de 2009

-La resonancia ha salido bien, excepto que tienes una malformación cerebral congénita, aunque parece que no tienes síntomas, porque esas migrañas que tienes pueden ser de esto o de cualquier otra cosa, y esto no tiene la menor importancia sólo tienes que evitar golpes en la cabeza, deportes de riesgo, como tirarte en paracaídas, bucear a grandes profundidades o golpear pelotas con la cabeza, hacer esfuerzos al defecar y bueno, lo más probable es que nunca te pase nada y si te pasa, nada, la operación es muy fácil, trepanamos ahí un poquito en la cabeza…

-Pare pare, no quiero saber más, mire, yo al fútbol no juego…pero lo otro…en fin, que gracias por los resultados, mejor me voy.

-Vale, yo te apunto en un papelito el nombre y ya te digo que no es nada, sólo por si algún día te tienen que anestesiar o algo lo cuentas no vaya a ser-

Apuntó un nombre en un papel y cuando salía por la puerta de la consulta entre el shock y el susto algo atropelladamente oí que decía ¡ah! y si algún día vas a parir «pide» una cesárea…

Casi dos años antes me había realizado una resonancia magnética buscando el origen de unas migrañas que por aquel entonces me daban bastante la lata, la cosa no era grave porque el tiempo entre la prueba y los resultados rebasó ampliamente el año y medio, pero tampoco me esperaba llevarme un diagnóstico de algo que hasta entonces no había oído nombrar nunca y de lo que aparentemente no había síntomas. Fui a otro neurólogo para confirmar el diagnóstico y las indicaciones de aquella doctora que hablaba alocadamente  y casi sin respirar de cosas a evitar y riesgos, y me confirmó lo que ella me había dicho y también me dijo que efectivamente las cesáreas eran más seguras en estos casos, se trataba de evitar los pujos de parto y un parto sin pujos es cuanto menos difícil.

Cinco meses después estaba embarazada y poco después ya estaba metida en esa agenda de pruebas y visitas a las matronas y ginecólogos. En todas y cada una de las consultas tuve que exponer lo de mi «malformación cerebral congénita» en todas y cada una me remitían de una consulta a otra, en todas y cada una de aquellas consultas me preguntaban sobre mis síntomas o mis no síntomas y nadie parecía tenerlo demasiado claro, hasta que llegué a la consulta de anestesia y sin tapujos puso sobre la mesa todos los posibles síntomas asociados a mi malformación (desde migrañas a problemas de coordinación, movilidad y equilibrio severos o muy severos) y el riesgo que un parto vaginal podía suponer, en base a todo lo que nos dijo hizo su informe recomendando firmemente una cesárea, el protocolo del hospital era de cesárea programada y así fue como fui asumiendo que las cesáreas serían «mis partos» porque si otra cosa tenía clara es que quería tres pequeños…

Después algo cambió, pasé a ser «una cesárea programada» sin demasiado espacio de decisión, hace 6 años yo sabía mucho menos de contacto y de partos de lo que sé ahora y los protocolos del hospital estaban muy lejos de estar actualizados y empecé a oír a mi alrededor frases como «ha tenido que ser muy duro para ti» o «mira qué bien, así ni te enteras» y después de tener a mis pequeños la mejor de todas «tú no sabes lo que es parir»…

Y el caso es que ninguna de esas frases han tenido nada que ver con mi realidad, sé de todos modos que mi experiencia es particular, y no es lo mismo llevar desde el inicio del embarazo asumiendo que es probable que acabes en una cesárea programada porque no  debes ponerte de parto, porque no debes tener pujos, porque tienes eso que puede hacer que aparezcan síntomas o no, que encontrarse con una cesárea de emergencia o una cesárea programada en la semana 38, pero no fue duro  porque entendí que si quería ser madre iba a tener que ser de esa manera, y quería ser madre por encima de todas las cosas, así que acepté que me iba a «perder» mi parto vaginal para regalarles a mis hijos una madre sana aún sabiendo de los riesgos que implica una cirugía mayor…Tampoco el «mira qué bien» me ha sido útil nunca, la recuperación de una cesárea es lenta, la anestesia no es agradable y los protocolos de separación en el hospital en el que dí a luz podrían haber dado al traste con nuestras lactancias y nuestro vínculo, fueron tres cesáreas diferentes, con protocolos diferentes y con situaciones muy diferentes y si bien esa sensación la noche antes de decir «mañana es el día» es muy especial, todavía deben cambiar más cosas para que las cesáreas sean lo más naturales y humanas posibles, pese a todo, pese a las horas de separación yo estaba pletórica y feliz e invadida de hormonas, de oxitocina y de amor de madre, de leona…y me recuerdo abrazada a cada uno de mis bebés con ganas de esconderme debajo de las sábanas y olerlos y protegerlos como el cuerpo me pedía…

«Tú no sabes lo que es parir»…podría hacerme daño, pero tampoco, entiendo de dónde viene, y por eso siempre contesto lo mismo, que sí que sé lo que es parir, sé lo que es MI parir…directamente desde mis entrañas, desde el vientre que los albergó durante meses y sé que mis cicatrices siempre me recordarán cuál fue nuestro camino…el que nos ha permitido disfrutar de tantas y tantas noches como esta…