maternidad guía

Tuvieron 11 hijos vivos cada una y alguna estrella que se quedó en el camino antes de llegar a este mundo, tuvieron unos maridos que las quisieron mucho, muchísimo, pero jamás cambiaron un pañal o cantaron una nana.

Tuvieron partos en casa, en el hospital, naturales e intervenidos, de prematuros y de bebés de más de seis kilos, tuvieron tetas y tuvieron biberones, dieron galletas machacadas y pan con gluten, tuvieron sólo sus brazos para recorrer, con sus hijos en ellos, los kilómetros que las separaban del médico o del mercado.

Tuvieron una cama grande en la que durmieron todos, y literas, y camas gemelas, y cunas al lado de su cama o en la habitación de al lado.

Tuvieron trabajo dentro y fuera de casa, en el campo, en una residencia, en casas, cosiendo, limpiando, sembrando, obedeciendo…entre las dos tuvieron que sobreponerse tres veces a perder a un hijo cuando «no es ley de vida» que una madre entierre a un hijo…o a dos…

Tuvieron un rellano y un «arrueiro», un río de lavar y unas sillas a la fresca o debajo de la parra para llorar y reír y contarse cosas y secretos de madres entre vecinas.

Tuvieron que rezar una oración y mandar llamar al practicante cuando la fiebre se colaba entre sus cuatro paredes, tuvieron que pegar algunas voces con tanto chiquillo y seguro que sintieron lo mismo que tú y que yo ahora ante las lágrimas de sus hijos.

He pasado unos días con un dolor de perros en mis oídos, una otitis de verano, con una pequeña de 9 meses que me miraba impaciente esperando ver alguna sonrisa o palabra salir de mi cara, en días como estos no puedo más que recordar de dónde vengo y dar gracias: gracias por haber tenido apenas que recorrer unos kilómetros en un coche comodísimo para ir a la farmacia y al médico, 5 días seguidos, pero en mi coche…gracias por poder además hacerme con todos esos medicamentos sin los cuales no me imagino el calvario…gracias porque yo sí tengo un marido que cambia pañales…gracias porque yo no tengo que zurcir ropa para el día siguiente, ni planchar la única muda de mis hijos, ni lavar a mano, ni tender «a clareo»…y tengo a San Google para comprobar la evolución de mi otitis, y un grupo de comadres que me preguntan todos los días por whatssap cómo estoy y unos hijos que me mandan mensajes con caritas y besos a 753 kilómetros de distancia…

Nunca, jamás, las he escuchado quejarse de ser madres ni tener pereza de serlo…en estos días en que hasta las vacaciones con hijos suenan a castigo por las redes sociales, cuando trabajar con los hijos cerca o lejos, e ir a la playa con ellos parece el peor plan del mundo, me acuerdo de ellas que han pisado la playa poco y siendo ya abuelas, que han descansado casi nada y además cuando podían descansar perdieron a sus compañeros de viaje…

Una extremeña, otra gallega…a mis abuelas les siguen otro montón de mujeres, hijas, nietas y bisnietas que madres o no, hemos aprendido a serlo con ellas, nos han guiado y escuchado siempre que hemos llegado hasta sus consejos, nos han dicho que a los hijos se les quiere porque son hijos, sin más, sin pedagogías o corrientes, sin blancos ni negros, sin mejores ni peores, con errores y con aciertos…sólo porque son nuestros hijos…Y con taitantos años tienen la satisfacción de poder sentarse con cada uno de nosotros, o mejor  aún, porque ellas lo gozan, reunirse con todos nosotros y saber que todos las queremos y les estamos agradecidos…

PD: A mis abuelas…también les siguen un montón de hombres: hijos, nietos y bisnietos que han aprendido de ellas exactamente lo mismo que yo…

Mis abuelos cambiaron pañales y cantaron nanas: a sus nietos y a sus bisnietos…

Tuve la suerte de conocer a dos de mis bisabuelas y a uno de mis bisabuelos: sus condiciones de vida aún distaban más del comodísimo coche que me llevó a la farmacia estos días…Ellos me han enseñado el valor de un beso de madre, de abuela, de bisabuela…de padre, de abuelo, de bisabuelo…

Entre todas esas mujeres que las siguen, también está mi madre…pero mi madre, mi madre no me cabe en un sólo post…