- Felicidades mi amor
- No eres la primera que me felicita...

Mi cara muda la expresión, pero tú eres así…siempre con una palabra inoportuna.

Hoy cumples 42 años y el post de hoy no iba a ir de ti pero mira, hoy voy a hablar de paternidad, o al menos de la paternidad que yo veo.

Llevamos 13 años juntos y algo más de 7 años que te pusiste aquella camiseta de «Papá en prácticas», superaste la teoría y la práctica y con los años te has sacado hasta el carnet de familia numerosa.

Ser padre a mi lado no ha debido de ser fácil, soy de natural intenso, exigente, sensible, frágil, independiente y si a todo eso le sumas las hormonas de tres embarazos reconozco tu perplejidad a veces y tu miedo a hacer nada que pudiera sacar a pasear al miura que me tragué de pequeña; pero también reconozco tu arrojo al decidir acompañarme y apoyar todas y cada una de mis decisiones, tu tranquilidad cuando alguna consulta en ginecología y obstetricía se volvía absurda, tus «dejad dormir a mamá» los fines de semana y el empeño en darle a nuestros cachorros más de lo que tienes las más de las veces.

No siempre es fácil, pero tampoco es difícil, si me ves quejarme y protestar es porque mi naturaleza me lleva a abrir la boca siempre, a no dejarme nada dentro, quizás porque tú no lo haces y acabo hablando por tí, por mí y por todos mis compañeros, pero llevo muchos años viendo el maravilloso padre en que te has convertido pese al tiempo que tanto te falta, el cansancio tras atender a clientes tan exigentes como tus hijos o más, tus cabezonerías casi tan grandes como las de ellos, tus nervios a veces a flor de piel al llegar a una casa que bien parece un campo de batalla…y cuando yo me he rendido y digo «déjalo, recogemos mañana», te pones a las mil a guardar cromos y piezas de pin y pon.

No hay más paciencia para el lego que la tuya, ni quién aguante estoicamente 6 años los 20 minutos de rigor de cada uno de nuestros vástagos en la biblioteca de la guardería, guardería en la que creen que eres lo máximo, y casi casi lo eres no te me vengas arriba…Haces chichos, lees cuentos hasta dormirte antes que ellos, preparas uniformes, planchas mini camisas, revisas la despensa, haces la compra y traes caprichos siempre porque «un día es un día».

Has defendido la lactancia porque es algo nuestro y no sólo mío, has contado a quien ha querido escucharte las bondades del porteo y hasta reconoces a bebés rematadamente mal puestos en mochilas no ergonómicas con tu «ahí no puede ir bien…», te has pavoneado un poquito de más sobre la ayuda que te prestan las cajeras del Carrefour cuando haces la compra con la peque en la mochila, llenándote las bolsas, colocándote el carro,  a sabiendas de lo ignorada que he sido por todas y cada una de ellas empujando el carro del infierno con mis andares de geisha/playmobil en el último embarazo, pero nada, «ego te absolvo» que no tienes tú culpa del machismo de esta sociedad que se «compadece» del pobre padre que va sólo a la compra y atora a la madre que va con tres y le lanza los huevos a velocidad de vértigo sobre la cinta a riesgo de llevarse un bufido de la madre estresada.

Te has inventado canciones, tenéis secretos, los adoras, los conoces aunque no siempre los entiendes (confieso que yo a veces  tampoco) y no te extrañas ni molestas si para muchas cosas prefieren a mamá, pones boca abajo, lanzas al aire, no les cortas las uñas, haces las mejores tortillas francesas, puedes aún coger a todos en brazos y yo ya no…te echan de menos, se enfadan contigo tanto como conmigo, bufas…yo te digo: respira.

Constructor de casetas…guardián de este refugio que es nuestra casa, porque estás ahí siempre, al final siempre estás, aunque te hayan robado hace mucho el sitio en la cama…