No voy a definir a mi familia como una familia aventurera, de hecho en mi vida sin hijos los paseos por la naturaleza se me antojaban un detonante de alergias varias, así que si bien he disfrutado de los viajes, no puedo decir que «la cabra tira al monte» sea el refrán que más pega conmigo, pero la maternidad me ha hecho darme cuenta de lo bueno que es dejarse llevar por la naturaleza y disfruto cada vez más de salidas y excursiones casi mágicas. Hace unos días le mandaba fotos a mis amigas de nuestra excursión y una de ellas me decía «me da hasta oxígeno verlas» y es cierto, la naturaleza nos oxigena, nos calma, nos abraza, nos deslumbra.

Galicia se presta a ello, y muy cerca de mi casa tenemos playas magníficas, de ría y de mar abierto, pero también mucho monte y el otoño es una época especialmente bonita para visitarlo, tampoco es que seamos especialistas del senderismo, ni hacemos rutas de largas horas, la valentía se la dejo a mi padre que se ha hecho el camino de Santiago varias veces…¡una de ellas desde Mérida!, así que el sábado salimos  a pasear, a disfrutar de unas horas de colores cálidos y una bruma que hacía que el paisaje de las Fragas del Eume evocase en nuestra cabeza lugares escondidos para las hadas, las meigas, los gnomos, los «mouchos», los trasgos y todas las criaturas que habitan los bosques.

Además aprovechamos que teníamos visita de la familia y pudimos compartir camino y una visita guiada gratuita al Monasterio de San Xoán de Caaveiro en la que los peques se lo pasaron pipa, atendiendo a las explicaciones de la magnífica guía, muy metida en su papel y muy amena, así descubrimos la historia del Monasterio que ya habíamos visitado otras veces, pero del que desconocíamos toda su historia.

 

Los niños corrieron, jugaron, saltaron, preguntaron, se atrevieron, se asustaron, se rieron y los mayores con ellos, porque en la naturaleza no hay prisas, no hay relojes y yo salí convencida de la necesidad de hacer un esfuerzo por dejar de lado algunas cosas que no importan tanto, que pueden esperar a que se ponga el sol, para pasar más tiempo con ellos correteando los paisajes de esta Galicia tan especial…eso sí, los días que no hay alerta naranja como ayer que caían sapos y culebras del cielo y con un buen antihistamínico por si las moscas.

 

Como podéis ver…vamos de paseo total, niñas con zapatos de lucecitas cortesía del señor de la izquierda, AKA «el agüelo», niño que tardó un minuto en sacarse chaleco y chaqueta pa’pasear en manga corta, mochilas variadas, cámara de fotos…en fin, expertos en montañismo no somos.

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