crianza-respetuosa

Tenía un profesor de francés, bajito, pelo cano, como de un mal humor constante pero apasionado como pocos, que nos repetía la frase que titula el post una y otra vez, ¡os quiero vivos! decía, ante la literatura y la gramática, pero también ante los sentimientos y las injusticias, lo sutil y lo dramático.

Ayer vinieron a cortar una mimosa que plantamos hace unos años en el jardín, la mimosa había sido agradecida con su espacio en la tierra y se había hecho hermosa y grande, tanto, que su vida peligraba creciendo y creciendo hacia la línea de alta tensión.

Se me encogió un poquito el corazón cuando dijeron que tenían que cortarla, y aunque nos ha dejado un vacío enorme en el jardín, ha conseguido llenar la casa de recuerdos y conversaciones imposibles:

¿Cuánto hace que la plantamos? Preguntan los tres a coro.

No sé, creo que estaba embarazada de Lola, así que ¿7 años puede ser?, les digo.

Le he contado los anillos al tronco y tiene poquitos, puede ser, 7 sí. Dice el mayor.

La planté yo -dice la pequeña con esa seguridad que tiene de haber estado en nuestra vida desde siempre.

Nooo, Marina, tú aún no habías nacido -le dice el hermano- estarías no sé, en el cielo.

Ohhhhh ¡Soy un ángel!, exclama la peque mientras se ríe y se pone a aletear.

«Mamá, he cogido estas flores para tí ¿cuál te gusta más? ¿Cómo se llaman?» «Mamá, ¿te cuento una cosa?, yo voy a cumplir 4 años y voy a ser mayor» «Mamá ¿verdad que desayunar tomate con aceite es saludable?» Mamá, mamá, mamá…

Cuando me imaginaba de mayor me imaginaba más centrada, sabiéndomelo todo, incluso de la maternidad, segura, adulta, pero a medida que pasa el tiempo, menos ganas de estar «segura y adulta» tengo. Sin duda, las facturas, la hipoteca, la casa, la declaración de la Renta, la salud de los míos y estas cosas de mayores no me dejan escaparme muy lejos, pero cada vez disfruto más de acercarme a las cosas, a las personas, a la vida sin juicios previos, expectante, deseando aprender…

No tengo todas las respuestas, y qué pretencioso me parece ahora creer que alguna vez lo supe todo, pero no, la maternidad me ha puesto los pies en la tierra de verdad: en la que se pisa, en la que se camina descalza, en la que se huele, la que se te mete en el zapato, la que se pone de por medio entre mi vida y algunos sueños, la que se moja con la lluvia, la que apetece recorrer con la nariz pegada a un cristal, con ellos, por ellos, curiosa, presente.